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Mis curvas, tu palanca y la carrocería.
A lo largo de los años para los
hombres un auto ha significado más que solo un medio de transporte, un mejor amigo, un trofeo, una muestra de su
hombría, o una compañera de vida… les otorgan personalidad, un nombre y
carácter.
Una personalidad femenina los
cautiva y las curvas de la carrocería se convierten en una fantasía de la
figura femenina, pulirla y encerarla se vuelven todo un placer y un ritual para
el hombre que se siente poseedor de poder detrás de su volante.
No es un secreto que tener el
control es un fetiche para hombres y mujeres, para mi lo es, la velocidad provoca adrenalina y esta
desencadena reacciones físicas que pueden ser un excelente afrodisiaco, claro
que no es recomendable para cardiacos.
Un carro puede ser muy útil en
muchos sentidos cuando de conseguir sexo se trata, un Porsche llama la atención de cualquiera, y las líneas
de carrocería de un Alfa Romeo me persuadirían sin duda de hacerlo en el
asiento trasero, los hombres disfrutan tenerlos y las mujeres buscamos hombres
que los tengan… grandes, con mucha potencia, con la capacidad de acelerar en
segundos y mantener la velocidad por horas.
El sonido del motor acelerando, un ronroneo grave pero suave,
relajante, sin embargo energizante como un gemido orgásmico, la vibración que
recorre tu cuerpo y eriza tu piel, todo ese poder contenido en los cilindros
esperando el estimulo de los pistones que comienzan a ir de arriba abajo
poniendo en marcha el proceso de combustión que dos cuerpos reproducen al tener
sexo pasional.
Es difícil no enamorarse de una
maquina que te da un buen desempeño, pasa igual con los amantes; las mujeres
también podemos proyectar nuestros deseos sexuales y algunas lo hacemos
mediante un bólido de 8 cilindros, conducirlo, sentir la cilíndrica forma del
volante entre los dedos y mover la palanca de velocidades aumentándola cada vez
mas… un camino seguro a la excitación, seguro para mi lo es.
Después de un viaje en un
Cadillac o en un Mercedes Benz es fácil
que el placer se te suba a la cabeza o se te baje a los testículos, porqué
nombrar estas marcas ya son razón de deleite para algunos, yo disfruto el ver
la carrocería y escuchar un motor funcionar en las calles tanto como ver a un
hombre sin camisa terminando un partido de bascketball y el deseo de subirme y…
bueno digamos que no me molestaría llevar la palanca de cualquiera de los dos
al limite.
Por: Hazel Ramírez
Rangel Rivas.








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